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viernes, 31 de octubre de 2014

Jubilación y Pareja. Impresiones de las jornadas


En 2002 Miryam Soler me propuso que participara en unas jornadas de Preparación para la Jubilación en la Administración Pública, dando un taller sobre la jubilación y las relaciones de pareja en esta etapa de la vida. Los grupos estaban formados por unos 20 asistentes, 10 funcionarios y sus acompañantes, en la mayoría de los casos sus parejas. Han pasado doce años (cómo pasa el tiempo) y unas cuarenta ediciones desde entonces. Resumir cuarenta ediciones en un folio y media es tarea harto compleja así que he decidido hablar de mis impresiones personales y profesionales.

La situación era la siguiente: dos horas para desarrollar los posibles cambios psicológicos que se operan tras la jubilación y cómo se puede ver afectada la pareja por dichos cambios,  20 participantes aproximadamente y la mayoría con mas años de matrimonio que yo de edad. Como no, el reto tenía que venir de la mano de Miryam.
Así que me puse manos a la obra y empecé a recopilar toda la información disponible de la “tercera edad” (por cierto odian esta expresión), ciclo vital, el efecto “libro de la vida”, investigaciones sobre las fases de la jubilación, envejecimiento activo, sexualidad y pareja en mayores de 65 etc.

Podía haber rellenado más de 40 PowerPoint muy lindos e instructivos hasta que me puse en la perspectiva de ellos y me encontré con el siguiente planteamiento “esta mujer no puede tener más de treinta (aunque se conserva muy bien por cierto), por muy psicóloga que sea me va a decir a mi lo que es hacerse vieja, después de todo lo que llevo pasado en mi vida y que puede pasar con mi marido si llevo 30 años levantándome a su lado………..”. Vaya plan se acabó el PowerPoint, con lo cómodo y seguro que me parecía. Y ese era justo el quid de la cuestión, yo ya había comenzado mi formación en psicodrama por aquel entonces y descubrí que tenía miedo. Miedo de que los mayores (muchos de ellos con corbatas) no se prestaran a participar en un taller con metodología psicodramática, esto es, participativo, exponiéndose con sus cuerpos a la hora de hacer imágenes etc. Tenía miedo de que me pusieran pegas, que se negaran a colaborar y que yo acabara llorando en el cuarto de baño. Tenía prejuicios y el tiempo me ha demostrado que no podía estar más equivocada. Sin duda, la mejor lección de estas jornadas para mi, ha sido que el psicodrama (en este caso el psicodrama didáctico) ha resultado ser una metodología impactante ( se han quitado “las corbatas”) que mis miedos eran míos, que cuando un director está seguro de lo que hace y confía plenamente en la técnica los pacientes, clientes, participante y/o usuarios también confían.
La técnica más habitual que he usado en estas cuarenta ediciones ha sido la “construcción de imágenes grupales”, paso a explicar cómo se lleva a cabo y después comentaré porqué la consideré pertinente. Se divide al grupo en subgrupos (con veinte asistentes suelo hacer unos cuatro), se les pide que se reúnan entre ellos y que lleguen a un acuerdo para construir una escultura, en este caso la escultura tiene que representar “la jubilación”. Ellos son los escultores y a la vez la escultura. La técnica de imagen funciona como un distractor del yo y permite que afloren más contenidos que con la palabra, y al hacerlas en grupo se sienten menos expuestos porque el protagonismo se diluye. Además te permite observar como funciona cada grupo, esto es quién aporta ideas, quién se mantiene al margen, quién se opone a todo, quién organiza al grupo… Partiendo de esta consigna inicial, la imagen de la jubilación, puedes elegir entre múltiples opciones según va demandando cada grupo, la imagen ideal, la temida, la intermediaria etc.

Después de la construcción pasábamos a la etapa de eco grupal dónde el grupo participaba comentando  las imágenes y los contenidos que habían surgidos en ellas. En este momento podías comprobar si la comunicación se producía entre ellos o si todavía me miraban a mi cada vez que intervenían, esto es, te permitía comprobar si el grupo estaba caldeado o no. Los contenidos que se trataron en estas jornadas fueron numerosos pero hubo temas protagónicos como la pérdida del rol profesional, las adaptaciones en la pareja en esta etapa, la enfermedad y la muerte, la irreverencia como actitud vital (para lo que me queda en el convento…….). Es aquí donde tenía especial cuidado en no traspasar los límites y salirme del encuadre, en palabras de Rojas “todo lo que no es encuadre es perversión”, habíamos acordado un taller didáctico que no vivencial así que no podía ahondar en contenidos personales, había que parar a tiempo y si notaba a la persona desbordada le ofrecía la posibilidad de hablar conmigo después del taller por si necesitaba recibir psicoterapia en un contexto reglado.
Por último y viendo que sobrepaso el límite de carillas establecido quería enumerar algunas impresiones que me llevo muy dentro:

1.      El psicodrama funciona.

2.      Lo maravilloso que ha sido acercarme a una población (mayores de 65) que no era habitual para mi, ni en consulta ni en formación por su rica experiencia vital (más sabe el diablo por viejo que por diablo).

3.      Que el cometa Halley de las parejas existe, un evento raro pero real. Sólo una o dos como sumo pero en todos los talleres he encontrado “esas parejas Halley” que después de 30 años se aman se quieren y se desean.

4.      La alegría y el humor a la hora de encajar las heridas narcisistas de la vejez.

5.      Que se puede seguir haciendo el amor con 65 y algunos afirman que todos los días.

Después de esto que más se puede decir...
Lola Quesada Bueno. Psicóloga

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