viernes, 6 de mayo de 2016

Altas capacidades: apuntes de nuestra experiencia en familia.



Altas capacidades: apuntes de nuestra experiencia en familia.

Quiero  compartir algunos de los éxitos y fracasos que hemos tenidos en nuestra familia con respecto a las altas capacidades.

Por mi formación y experiencia mucho antes de los tres años de mi hijo el mayor ya sabía que algo pasaba: seriar antes que andar, la adquisición precoz del lenguaje, lectura sobre los dos años, intereses variados, preguntas imposibles… un montón de anécdotas que los padres de este tipo de hijos tenemos y que no merece la pena detallar. Inevitable aburrimiento en la escuela, sospecha de TDHA,… Y aquí probablemente el primer error aceptar la medicación. Esta le gatilló una epilepsia que  ha estado medicándose hasta los 17 años. Pero sobre todo quería hablar de cosas que nos han servido.
En casa desde que comenzaron a ser las cosas originales, decidimos tener una asignatura familiar anual que teníamos que aprobar todos. La meditábamos en verano haciendo presente las necesidades de todos – los padres y los tres hijos- , en septiembre había breve debate familiar explicando la motivación y los objetivos y se publicaba en BOE ( léase Corcho de la cocina)

Alguna de esas asignaturas no las hemos aprobado aún, otras con creces y otras progresamos adecuadamente, pero sobre todo han servido para que los hijos, las altas capacidades y los talentos especiales crezcan como personas integrales.

Creo que la primera fue “Lo que me interesa a mí no le tiene porque interesar a todo el mundo Surge de la sensación que trasmitía claramente “Mama, a mí el futbol no me gusta y todos juegan al futbol” en esa época estaba interesado en la tabla periódica y en los peces, cosa que a los niños de cinco años no le importaba nada. Por lo cual el trabajo consistía en encontrar temas comunes con los demás. Nuestro objetivo era no castigar los intereses originales o impropios de la edad pero si crear puentes hacia los demás. Y la verdad es que ese año aprobamos todos. Todo el mundo se esforzó en buscar temas en común desde los intereses propios hacia los de los demás.

Otro año fue “Todos somos minusválidos”, y por tanto todos nos necesitamos unos a otros.  Esta ha calado mucho y después de 15 años sigue usándose como muletilla cuando alguien sobresale mucho en algo, o se le sube el ego, o le sale algo fatal o toma conciencia de su limitación.

“Tolerancia 0 a las faltas de respeto”, fue muy útil para el trato con las personas y las cosas. Esta asignatura, con adolescentes en casa, estamos a medio camino, no siempre se respeta el trabajo de los demás –véase limpieza y orden- o los tiempos y ritmos de todos los que vivimos en familia, o alguna voz más alta que otra.

Algún año estuvimos en “Haz de tu corazón una casa para todos” otro “Cada uno lo suyo con responsabilidad”, “Venimos de un linaje de originales”, con idea de poner el foco en todos los que nos preceden, y que nadie se sintiera tan único, diferente o especial.
No soy capaz de recordar cada año, solamente quería compartir este sistema de asignaturas familiares anuales como una herramienta que nos ha sido útil para el crecimiento como familia.

Por última comentar que nosotros tuvimos un diagnóstico privado pero nunca quisimos que estuviese en Seneca, porque las etiquetas, es cierto que unen: pertenecer a un colectivo te puede facilitar ayudas, becas, atención... pero como todo lo que une separa; los profesores conocían el diagnóstico algunos buenos profesionales lo hicieron maravillosamente bien y otros hicieron lo que pudieron, pero es cierto que también siempre pensamos que la educación se consigue fundamentalmente en casa, y es responsabilidad ineludible de los padres.

Miryam Soler
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta
Tutora UNED
Madre y esposa de personas con altas capacidades


El Centro CADIS pone en marcha Altas Capacidades en Familia





jueves, 5 de mayo de 2016

No tienes un trastorno tienes un don.



Lo que me hace especial y diferente, lo que me ha permitido buscar soluciones creativas, lo que me ha permitido encontrarme con personas, lo que me ha facilitado estudiar lo que estudio, lo que me hace ser sensible a los problemas de los demás… todo eso es “mi trastorno mental”

He tardado tiempo en darme cuenta, me cuesta aceptarlo en mi misma; me cuesta verlo en mi prójimo, y más cuanto más próximo. Es más fácil quejarme de la singularidad de la persona con la que me cruzo, de su diferencia. Estamos más acostumbrados a enjuiciarlos o incluso a etiquetarlos y diagnosticarlos. 

Otra cosa que sale con facilidad es trocear a la gente: la persona y su tumor, la persona y su depresión, como si no fuera  parte de uno mismo, y una parte esencial. 


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Por esto quiero gritar a los cuatro vientos “ No tienes un trastorno tienes un DON” que eso que te hace especial y única como persona.