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miércoles, 25 de noviembre de 2015

La metáfora en Sicodrama: Una vía metodológica

RESUMEN
El artículo intenta plantear la eficacia de la metáfora como instrumento terapéutico en sicodrama. Partiendo de la idea de que nuestra conceptualización de la realidad no se produce a través de un lenguaje pre-dado sino que es la naturaleza metafórica del lenguaje la que estructura nuestra cognición y percepción de la realidad.

PALABRAS CLAVES
metáfora, sicodrama, imagen, lenguaje metafórico

INTRODUCCION
El objetivo del trabajo es mostrar la instrumentación con fines terapéuticos de las ideas desarrolladas por Lakoff y Johnson (1995) en relación a la Metáfora.
Hasta casi la década de los 80 la metáfora no ha tenido cabida en la ciencia. La metáfora estaba reducida a los aspectos emotivos del lenguaje. Carecía totalmente de significación empírica; no decía nada del mundo. Esta idea parte de que la conceptualización de la realidad viene modelada por la estructura del lenguaje, independiente de nuestra actitud perceptiva y cognitiva.
Últimamente, el estudio de las metáforas, los modelos y las analogías ha pasado a ser un área nueva en torno a la ciencia. Las metáforas han empezado a ser estudiadas como recursos de conceptualización y organización de la experiencia.
Lakoff y Johnson (1995, 39) consideran que: “nuestro sistema conceptual ordinario, en términos del cual pensamos y actuamos, es fundamentalmente de naturaleza metafórica…Nuestros conceptos estructuran lo que percibimos, como nos movemos en el mundo, la manera en que nos relacionamos con otras personas”. El punto de referencia para comprender la percepción  no es un mundo pre-dado e independiente del perceptor sino su propia estructura sensorio-motora.
La esencia de la metáfora es entender y experimentar un tipo de cosas en términos de otra. Uno de los ejemplos que utilizan estos autores es que entienden una discusión como una guerra. Lakoff y Johnson (1995, 40) “aunque son cosas de diferente tipo, discursos verbales y conflictos armados, una discusión se estructura, se piensa, se ejecuta y se describe en términos bélicos”. Por ejemplo, como contrincante es muy hábil, debemos conseguir una alianza, se mete en mi terreno, ataquemos sus puntos débiles, etc. Consideran que si imaginamos una cultura que, en vez de, de la metáfora de la discusión como un conflicto bélico tuvieran la metáfora de la discusión como una danza, los individuos de esa cultura tendrían una experiencia muy diferente de las discusiones.
Johnson ((1991) en su libro “El cuerpo en la mente” analiza que nuestro sistema conceptual es de naturaleza imaginativa y que la estructura de la imaginación surge de la experiencia corporal. Según Johnson, hay dos tipos de estructura imaginativa y corporeizada que son fundamentales para nuestra comprensión: los esquemas de imágenes y las proyecciones metafóricas.
Johnson cree que, en principio, la comprensión de nuestra experiencia se estructura metafóricamente a partir de esquemas básicos de imágenes. Los “esquemas de imágenes” son los patrones que se forman a partir del movimiento corporal, la manipulación de objetos y las interacciones perceptivas sin los cuales nuestra experiencia sería incomprensible, es decir, se originan en la experiencia corporal. Jhonson (1991, 85) concibe los esquemas como “estructuras para organizar nuestra experiencia y nuestro entendimiento”. Proporciona varios esquemas espaciales, como el esquema DENTRO-FUERA, ARRIBA-ABAJO, DELANTE-DETRÁS, etc. La captación de estos esquemas tienen como referencia nuestro cuerpo en la medida que se orientan espacialmente. Por ejemplo, aprehendemos el esquema DENTRO-FUERA porque nos pasamos parte del día metiendo cosas en nuestro cuerpo o sacándolas, salimos y entramos de habitaciones, coches, etc., ponemos dentro y fuera cosas de diferentes receptáculos..... El concepto de ARRIBA tiene que ver con nuestra postura erecta en relación con el campo gravitacional en el que vivimos.
“Las proyecciones metafóricas” son ampliaciones de los esquemas físicos a otros no físicos. Como la correlación que existe entre emociones (Felicidad/Tristeza) y experiencias sensorio-motoras (postura erguida/caída) que constituyen la base de conceptos metafóricos como Feliz es Arriba y Triste es Abajo. Estas proyecciones básicas permiten extensiones metafóricas de los esquemas de imágenes. Por ejemplo, el esquema Dentro-Fuera se amplía metafóricamente a: “me doy por vencido, abandono la carrera” (carrera como receptáculo que sales) o “me gusta ese club voy hacerme socio” (club como receptáculo que entras). La proyección puede ser mucho más abstracta como: “estoy en desacuerdo” (salir del acuerdo).
La teoría cognitiva que formula Varela (1992) es acorde con la perspectiva de estos autores, considera que la cognición es acción corporizada. “Corporizada” en dos sentidos “primero que la cognición depende de las experiencias originadas en la posesión de un cuerpo con diversas aptitudes sensorio­motrices; segundo, que estas actitudes sensorio-motrices están encastradas en un contexto biológico, psicológico y cultural más amplio” (Varela, 1992, 203).
Desde mi punto de vista, la tesis más interesante de Lakoff y Johnson (1995) es que las metáforas no solo son formas adecuadas y económicas de expresar nuestro conocimiento; (sino que) más bien son nuestro conocimiento y comprensión de los fenómenos. Esta idea me ha llevado a pensar que si el conocimiento del mundo y de nosotros mismos y, sobre todo, la interacción de ambos son de naturaleza metafórica, sería muy interesante empezar a investigar las metáforas personales de los pacientes. Es decir, me ha interesado la posibilidad de utilizar las estructuraciones metafóricas personales y culturales como instrumento de trabajo en Sicodrama.


LENGUAJE SÍMBOLICO Y LENGUAJE METAFÓRICO
El lenguaje que usamos es un lenguaje simbólico sin significado propio, ajeno a nosotros y dado desde fuera. Está muy extendida la convicción de que las oraciones y las palabras tienen significados en sí mismas independientemente del contexto y del hablante. Sin embargo, el significado es siempre significado para una persona o comunidad. En sí mismas las palabras no tienen significado, sólo lo tienen para las personas que las utilizan a fin de significar algo.
Es evidente que sin lenguaje estaríamos sumidos en un mundo de imágenes muy perturbadoras. Sería un caos. El lenguaje produce un orden.
Sin embargo, también es cierto que hay que llamar la atención sobre las confusiones del lenguaje simbólico. La dificultad fundamental es que el significado encerrado en las palabras no significa lo mismo para todos. Ahí está para demostrarlo, por ejemplo, las metáforas, los dichos, los giros, los refranes, etc. que son usados personalmente con diversos sentidos y que llevan a opciones de acción muy distintas . He comprobado esta idea numerosas veces en los grupos, he solicitado a cada miembro que representase con personas (imagen sicodramática) un refrán, nunca han hecho dos imágenes iguales y lo más llamativo es que al hacer los soliloquios cada uno referenciaba esa escena a su propia vida. En este sentido, el lenguaje metafórico es un tipo de lenguaje en el que el individúo está implicado. Este lenguaje metafórico es un lenguaje que tiene sentido para nosotros porque tiene que ver con nuestra experiencia corporal.
Nuestras metáforas estructuran lo que percibimos, es decir, se actúa en consecuencia con nuestro sistema metafórico. Una paciente me dijo: “ la dificultad está en tener que usar las palabras de todo el mundo para expresar algo que es único para mi”.
Cada vez me viene más la idea de que, en alguna medida, la dimensión simbólica del lenguaje es como una realidad virtual. Según Szasz (1994), hablar es una forma más complicada de ver, tocar o abrazar.
Conocer el significado de una palabra no es, literalmente hablando, conocer alguna realidad. El supuesto de que la palabra “se ciñe al mundo” es insostenible. Hilary Putnam (1995) pone un ejemplo sobre este punto que me parece esclarecedor. Cuando preguntamos a alguien qué diferencia existe entre un olmo y una haya, estamos suponiendo que la persona tiene una representación mental diferente para cada árbol. Sin embargo, podemos comprobar que muchas personas no conocen realmente estos árboles, lo que significa que, en realidad, no tienen ninguna imagen concreta de ellos. A pesar de esto, todo el mundo asegura que el olmo y el haya son especies de árbol diferentes. Lo que esto nos indica es que para estas personas la única diferencia entre un olmo y una haya es que una especie se denomina “olmo” y la otra especie se denomina “haya”. Es decir, distinguen una especie de otra simplemente porque cada especie tiene un nombre distinto. Al final parece que lo que realmente conocemos no es tanto “el mundo real” como “el mundo virtual de las palabras”.
En resumen, lo que nos hace conocer “la realidad”, en definitiva, no es el lenguaje, sino nuestro cuerpo en su interacción con el mundo. Esta experiencia corporal del mundo estructura nuestras percepciones y después nuestros significados. El lenguaje tiene poco que decir de nuestra realidad interna. El hecho de conocer palabras no asegura conocer el mundo. Y aún en mayor medida si tomamos las emociones. Traducir las emociones a palabras es una tarea muy complicada y si se consigue, las palabras son muy pobres comparándolas con la riqueza de lo que se siente.


LA METAFORA CREA UNA NUEVA REALIDAD.
Según Lakoff y Johnson, las metáforas nos hacen percibir el mundo en unos determinados términos, mientras que otras posibilidades quedan excluidas. En cualquier situación estructurada metafóricamente se destacan ciertas características y se ocultan otras. Si conseguimos resaltar los aspectos suprimidos, la metáfora se va a modificar pudiendo proporcionarnos una “nueva comprensión” de nuestra experiencia. Esto se produce porque los nuevos aspectos de la metáfora van a otorgar nuevos significados a nuestras actividades pasadas así como a las cotidianas.
La metáfora tiene más poder para crear realidad que para conceptualizar simplemente una realidad preexistente. Esta idea se apoya en que la metáfora estructura nuestro sistema conceptual y por tanto, influye en nuestra percepción del mundo y en nuestras acciones.
Vamos a pensar en el parto y en cómo la metáfora subyacente, en cada cultura, estructura el sistema perceptual y conceptual de esa experiencia. Por ejemplo, en nuestra cultura la metáfora es “parir es un castigo” a partir de la maldición bíblica. Por ello, estructuramos esa experiencia como dolorosa. Para la mayoría de las mujeres los partos son dolorosos y son aceptados como tales. Nuestra cultura ofrece “los partos sin dolor” a través de anestésicos. Esta solución es coherente con la metáfora. Sin embargo, Levi- Strauss menciona el texto de un canto de la tribu de los cuna (República de Panamá) cuyo objetivo es ayudar a un parto difícil. Este tipo de parto se explica porque Muu, la potencia responsable de la formación del feto, se ha apoderado del alma de la madre. El canto consiste en la búsqueda del alma, que tras una lucha será restituida por el chamán y sus espíritus protectores por un lado, y Muu y sus hijas por otro. Vencida Muu deja libre el alma de la madre. Entonces tiene lugar el parto. La metáfora que subyace en esta tribu es “Parir es una lucha”. Es decir, la metáfora constituye la experiencia del parto como una lucha en vez de como un castigo. La técnica del canto hace coherente esa experiencia constituyéndola metafóricamente y resituándola en un sistema en el que tiene sentido. Ni la mitología del chamán ni la nuestra corresponde a una realidad objetiva, sin embargo, lo importante es que la madre cree en esa realidad y es miembro de una sociedad que también cree en ella. La realidad que se vive en cada cultura en relación a un parto es completamente diferente en función de la metáfora correspondiente.


METAFORA E IMAGEN
El pensamiento metafórico es el proceso por el que se reconoce una conexión entre dos elementos aparentemente no relacionados entre sí. Se ha descubierto que estas conexiones entre partes separadas son establecidas por el hemisferio derecho. El hablar de Metáfora en Sicodrama no es nada nuevo. Rojas Bermúdez utiliza formas metafóricas constantemente cuando trabaja. Sin embargo, es el enfoque de Lakoff y Johnson y, sobre todo, la reflexión que este ha desencadenado lo que me ha permitido comprender el trabajo de nuestra escuela en términos de metáfora. Cuando a un paciente se le da la consigna: “ coloca a tu familia como si fuese un sistema solar” se le está sugiriendo que trabaje sobre la familia a través de una “metáfora astrológica”. Creo que trabajar en el “como sí” sicodramático es trabajar metafóricamente. Cuando el director elige un dicho muy sentido lo que intenta es tomar una metáfora del paciente y convertirla en una imagen sicodramática. La imagen es la esencia de la Metáfora porque lo que se busca con la Metáfora es una forma sintética. Con todo, lo fascinante es que en Sicodrama se va mucho más allá de lo metafórico, en el sentido de que la metáfora se dramatiza y se vivencia, se hace y se siente. Después al construir la imagen de la metáfora aparece la comprensión global emergiendo un nuevo sentido. Rojas Bermúdez siempre repite que la imagen ofrece una comprensión o intuición completa de lo buscado.
Recuerdo una paciente que siempre me hablaba de que todos sus problemas se debían a que su madre era una ignorante. Finalmente cuando le pedí esa imagen colocó a la madre de espaldas a ella y mirando a los otros miembros de la familia. Ahí se hizo evidente que la ignorancia de la madre no era de conocimientos sino de que la ignoraba a ella. Debido a esta ignorancia la paciente había sido objeto de abusos sexuales por parte de un vecino. En este caso se mezclaban las palabras ignorancia y conocimiento en dos niveles diferentes. La madre no tenía conocimiento de lo que le estaba pasando a su hija. Para mi, antes de hacer la imagen de ignorante la madre era una analfabeta, para ella, su madre no había estado atenta. Si se hace una imagen del conflicto esa imagen puede ser leída a nivel metafórico. O al revés, podemos tomar la metáfora del conflicto y hacer su imagen. Es la idea clásica de Rojas- Bermúdez, a la misma forma darle otros contenidos o un contexto diferente. Este autor sugiere el pensar siempre en varios niveles a la vez. Por ejemplo, la imagen del aparato digestivo de una anoréxica puede verse como su vagina porque mientras que en un caso lo que se introduce es comida, en el otro es el pene . En un lado se engorda, en el otro se puede quedar embarazada. Si un síntoma corporal es como un lenguaje sin palabras, se puede entender como una metáfora de otra cosa. La manera de conseguir su traducción es por medio de una imagen. La imagen sicodramática tiene mayor similitud con lo que representa que la palabra. Si me retuerzo de dolor tocándome el estómago esta postura se parece más a lo que me pasa que la frase “me duele el estómago”. Todas las imágenes pueden tener sus metáforas y todas las metáforas se pueden convertir en imágenes. En mi opinión, lo importante de trabajar en sicodrama con metáforas son las imágenes que subyacen en ellas. La imagen sicodramática es una forma que se construye  en el escenario y permite desenmascarar el contenido oculto de la palabra. El trabajo con palabras lleva implícito que podemos estar entendiendo mal la estructura que el otro comunica. La imagen, en cambio, permite ver el significado que lo contiene. La imagen da una visión simultánea que posibilita ver la estructura de las relaciones entre las partes.


LA METAFORA DE LA “LOCURA”
Extrapolando la teoría de Lakoff y Johnson al campo terapéutico, nos encontramos que los pacientes, como cualquier persona, tienen sistemas metafóricos para comprender su realidad. Al mismo tiempo los terapeutas tienen sus propias metáforas de los problemas de los pacientes. Cada terapeuta tienes una estructura metafórica básica para comprender la locura. Puede ser una metáfora cultural o personal o una fusión de ambas. La relación terapéutica se basa en la interacción de estos dos sistemas metafóricos.
Puedo ejemplificar este punto con algunas definiciones habituales sobre el “loco”: no percibe la realidad, ve cosas que no ocurren, todo lo explica desde su visión, no tiene una panorámica de las situaciones, solo ve lo que quiere ver, no puede ponerse en el punto de vista del otro, no se ve a sí mismo, etc.
Todas las definiciones apuntan a la vista. En este caso, la metáfora es “la locura es una ceguera”. Si como terapeuta pienso que el “loco es un ciego” voy a intentar devolverle la vista. Si la metáfora propia del loco es que él está sordo, algo va a ir mal. Quiero decir, que si un terapeuta estructura la locura mediante la metáfora de la ceguera esta metaforización va a influir en su percepción, diagnóstico, tratamiento... Este tipo de vinculaciones van a constituir su captación de la situación de locura. En definitiva, nuestra metáfora de la locura va a producir una selección de datos y va a suprimir otros.
Cada individuo tiene una estructuración metafórica que le ordena su experiencia. Una gran parte depende de su cultura y otra es propia de él mismo. El hombre construye constantemente metáforas personales que hagan coherente su historia pasada, su hacer presente y sus metas futuras. El objetivo del trabajo terapéutico apuntaría a que el paciente tomase conciencia de sus metáforas y cómo condicionan el sentido de su vida. En general, actuamos en consonancia con nuestras metáforas. Mi intención como terapeuta no es “vender” mi metáfora al paciente sino clarificar sus metáforas presentes o ayudarle a buscar metáforas alternativas que le permitan una comprensión diferente. Las metáforas nuevas tienen la capacidad de crear nuevas realidades. Si introducimos en nuestro sistema conceptual nuevas metáforas cambiará nuestra visión y, en consecuencia , nuestras acciones.
Se trata de intentar comprender al “loco” y averiguar qué estructura metafórica atribuye a su conflicto. Aunque el “mundo real” no cambia a pesar de una nueva estructuración metafórica, el “loco” se relaciona después con un mundo diferente. De alguna forma modifica su realidad.
La forma de trabajar las Metáforas en Sicodrama siguen dos vías:
* Tomar la metáfora. Es muy habitual que las personas hablen de sus conflictos a través de una metáfora. Esta metáfora es transformada en una imagen sicodramática por el protagonista y, de esta forma, vemos cómo comprende sus problemas. En mi opinión, el paciente no utiliza solamente esa metáfora para comunicar sintéticamente su problema, sino que la metáfora es la estructura de su comprensión del problema.
* Realizar una lectura metafórica de las imágenes del paciente para que encuentre otras alternativas y alcanzar una mayor comprensión desde otras perspectivas.
Por tanto, lo fundamental de este trabajo es intentar pasar las metáforas a su imagen o que de la imagen surja la metáfora. De este modo, al movernos con las formas los contenidos del terapeuta se alejan. El hablar solamente sobre las metáforas sin trabajarlas con imágenes no evita que el terapeuta esté funcionando con sus propios significados. Únicamente el propio individuo tiene los códigos de su forma.


LA METAFORA DE JORGE: JUGAR AL TENIS
El motivo de consulta de Jorge era el proceso de ruptura de su relación de pareja. Ruptura que no se había llevado a cabo totalmente. Llevaban un año con llamadas, encuentros, reproches e intercambios de objetos personales (ej.: dame mis fotos, toma el jersey que olvidaste, etc.).
La queja principal de Jorge, en relación a este juego, era que él quería tener una conversación con ella para acabar definitivamente. Sin embargo, su novia se negaba ya que, para ella, “acabar era dejarse de hablar”. Jorge, por tanto, se veía envuelto en una paradoja porque aunque ella no quería hablar, sí que entraba en el circuito de mensajes no verbales, comunicándose de una manera u otra.
Jorge utilizaba constantemente una metáfora para hablar de este proceso: “es como un partido de tenis”. Sus expresiones eran del tipo: ”llevamos un año peloteando”, “le he hecho varias dejadas”, “le tiro la pelota en paralelo”, etc. . Esta metáfora le ayudaba a comprender la situación, a la vez que le impedía salir de ella. La metáfora para Jorge oscilaba en el eje “perder/ganar el partido”. Ganar el partido significaba hacer un smash para conseguir que ella no pudiese “devolverle la pelota”. Jorge le tiraba constantemente “bolas” y ella, solo de vez en cuando, le devolvía una, lo que alimentaba la continuación “del partido”. La “última pelota” que había devuelto la novia fue mandarle por SEUR una serie de cajas con todos los regalos que él le había hecho durante su relación. Acorde con su metáfora Jorge definía esta última jugada de su novia como lo oportunidad de meterle finalmente el match-ball . Por eso quería “jugar esta bola bien”, es decir, hacer algo espectacular que derrotase a su novia definitivamente. Como, por ejemplo, presentarse en su casa con todos los paquetes y obligarla prácticamente a la fuerza a escucharle. Es decir, más o menos una “violación”.
Lo que me gustaría destacar es que la definición de la relación a partir de esta metáfora es, precisamente, lo que conducía a Jorge a mantener esta situación de no-ruptura indefinidamente, convirtiéndose en “un juego sin fin”. Se presentaban dos opciones:
a) Buscar una metáfora alternativa que permitiese la posibilidad de ruptura.
b) Trabajar otras vías que ofrece la misma metáfora.
En el caso de Jorge, él siguió la segunda opción. Esta consistió en la búsqueda de una salida a partir de un cambio de eje dentro de la metáfora. Jorge, como hemos dicho, se movía en el eje ganar/perder por lo que sólo podía ganar, y con ello acabar el partido, si daba “el último pelotazo”. La intervención consistió en que tomase en cuenta una alternativa diferente: “otra forma de terminar el juego es salirse del juego”. Es decir, intentar que Jorge se saliese del eje ganar/perder y entrase en el eje jugar/no jugar lo que le permitía terminar el partido de otra manera. Como él mismo admitió: “es verdad, acabar el juego es no seguir jugando. Tengo que quedarme con la pelota”, Fue lo que hizo.

BIBLIOGRAFIA
Johnson, M. (1991). El cuerpo en la mente. Madrid: Debate

Lakoff, G. y Johnson, M. (1995). Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Cátedra

Levi Strauss, C. (1958). Anthopologie Structurale. París: Plon

Putnan, H. (1995). Representación y realidad. Barcelona: Gedisa

Rojas-Bermúdez, J. (1997). Teoría y técnica sicodramáticas. Barcelona: Paidós

Szasz, T. (1994). El mito de la enfermedad mental. Buenos Aires: Amorrortu


Varela, F. (1992). De cuerpo presente. Barcelona: Gedisa

Por Amelia Coppel. Directora de Sicodrama.

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